domingo 22 de febrero de 2009

España: "Si voy a pasar hambre, voy a pasarla a Chile" chilenos retornan a su país


En la sala de espera del Consulado de Chile en Madrid suena un ring tone. De un celular sale una versión tecno pop del himno nacional. La melodía emerge del teléfono de Ernesto, un chileno de magnífica labia que hace cuatro meses se quedó sin trabajo y hoy subsiste vendiendo empanadas de pino a 1,50 euros ($1.120). La situación económica en España está siendo dura, sobre todo para los inmigrantes. Y Ernesto es uno de los 459.505 desempleados extranjeros que actualmente hay en el país.

Sin contar los 2.036 estudiantes chilenos que viven en España, aquí residen 26.906 compatriotas. La mayoría -un 89%- en edad productiva. No hay cifras que indiquen cuántos de ellos están sin trabajo, pero la cesantía se ha cebado con todos los extranjeros en los últimos 12 meses. Mientras la tasa general de desempleo es del 13,9%, la de los inmigrantes se empina al 21,26%.

Porque los extranjeros, en su mayoría, realizan trabajos que requieren menor especialización. Y justamente ese tipo de empleo es el que más se ha destruido. Ahora las construcciones se paran y hay menos trabajos en comercios y bares. Lo peor es que, según diversas estimaciones, el número de cesantes no para de crecer.

Ante este panorama oscuro, muchos extranjeros están comenzando a regresar a sus países.

También los chilenos. Sólo basta rascar en las vidas de algunas de las personas que esperan su turno en el Consulado de Chile en Madrid para darse cuenta de que la posibilidad de retornar está en la mente de la mayoría. Todos conocen a alguien que se fue, que se está yendo, que lo único que quiere es marcharse. "Ni yo ni mi marido tenemos trabajo fijo, y así sólo nos podremos mantener unos tres meses más", dice una chilena de 39 años, madre de dos hijos y oriunda de Lo Espejo.

Los chilenos se cuadriplican

Los consulados de Chile confirman el fenómeno del retorno: "Mucha gente que vino buscando un país nuevo, una forma de vida distinta, se está volviendo a causa de la crisis", señala el cónsul de Chile en Valencia, Leopoldo López.

Lo mismo piensa el cónsul en Madrid, Claudio Rojas, que asumió el cargo el pasado lunes. Aunque cree que todavía no es un fenómeno masivo, sólo en sus tres primeros días de trabajo conoció cuatro casos de personas y familias enteras que retornan al país. "Vuelven a Chile a pasar la tempestad. Hoy hay menos gente viniéndose a España; antes había un flujo constante", comenta Rojas.

La población de chilenos en España era relativamente menor en 1999: sólo había 5.927 personas con tarjeta de residencia. Pero el milagro económico español del siglo XXI hizo que muchos chilenos -obreros de la construcción, empleadas domésticas- se atrevieran a cruzar el Atlántico. En pocos años, la cifra explotó: en 2003 ya había 10.869; en 2006, 20.397. Hoy en día la colonia chilena roza las 27.000 almas. Eso, sin contar con los indocumentados. Fuentes consulares estiman que hay cerca de 1.800 chilenos en esta situación. La Asociación de Chilenos en España (Aches) va más lejos y cree que los "sin papeles" son al menos 6.000.

La cesantía está afectando significativamente a los países europeos y están tomando medidas para controlar la inmigración y asegurar el empleo de sus ciudadanos. En Italia, el Senado aprobó a comienzos de febrero una iniciativa que obliga a los médicos a denunciar a sus pacientes que no tengan regularizada su situación en el país. El Ejecutivo checo quiere expulsar a 80.000 inmigrantes cesantes. Y en el Reino Unido han sido los propios trabajadores quienes se han movilizado bajo la consigna "Job british workers first". Exigen prioridad a la hora de adjudicar puestos de trabajo.

"Estamos en un momento sumamente complicado", analiza Sergio Barciela, responsable de Migraciones de Caritas-España. "El mensaje a la ciudadanía es: 'En época de crisis, ¡que se vayan los extranjeros!'. La política migratoria está absolutamente condicionada al mercado laboral y eso no puede ser", critica.

"Hay acoso policial"

España, que se apresta para endurecer su Ley de Extranjería en el Congreso, ha puesto en marcha diversas iniciativas para incentivar que los inmigrantes regresen a sus países. Una de ellas es el Plan de Retorno Voluntario del Ministerio de Trabajo e Inmigración. Comenzó a regir en noviembre y su lema es: "Si estás pensando en regresar, tú decides tu futuro".

Pueden acogerse al plan los trabajadores extranjeros que tengan sus papeles en regla y que procedan de uno de los 19 países con los que España mantiene acuerdos de Seguridad Social, entre ellos Chile. El Gobierno español facilita los pasajes de retorno y se compromete a pagar el seguro de cesantía en dos partes: un 40% en España y un 60% cuando los extranjeros ya hayan llegado a sus países.

Pero el trato incluye un punto fundamental: el inmigrante debe renunciar a sus permisos de trabajo y residencia en España y debe comprometerse a no volver en tres años. Aunque en dos meses se han acogido 1.400 extranjeros de los 100.000 previstos, el ministerio no sabe cuántos de ellos son chilenos.

Pero hay otro factor que incentiva a los chilenos a partir, sobre todo a los que no tienen su documentación en regla: "El acoso policial", señala Víctor Sáez, vicepresidente de la Asociación de Chilenos en España (Aches). "La gente que no tiene papeles se está yendo porque, además de no tener trabajo, se da cuenta de que hay un riesgo permanente de ser detenido", señala Sáez. Y los hechos lo confirman: esta semana trascendió que los agentes de la Policía Nacional recibieron un instructivo que les ordena arrestar a inmigrantes "sin papeles" en base a cuotas semanales. "Objetivo: 35 extranjeros. Si no los hay, se va a buscarlos fuera del distrito", señala una nota de la comisaría de Villa de Vallecas, en Madrid.

DESEMPLEO

La cesantía ha golpeado duramente a los extranjeros en España en los últimos 12 meses. Mientras la tasa general de desempleo es del 13,9%, la de los inmigrantes se empina al 21,26%.

INCENTIVOS

El Gobierno español está colaborando activamente para que los inmigrantes abandonen el país: facilita los pasajes de retorno y se compromete a pagar el seguro de cesantía en dos partes: un 40% en España y un 60% cuando los extranjeros ya hayan llegado a sus lugares de origen.

"Se acabó la oportunidad; hay que volver"

Carlos Valenzuela, Edith Iquilio y sus tres pequeños hijos, de entre siete meses y 5 años de edad, parten el miércoles 25 a Santiago, luego de cinco años. Jorge, el mayor de sus hijos, apenas tiene conciencia de la palabra Chile y habla como un españolito más. "Da pena volver, porque mis tres niños nacieron acá", dice el padre de familia, de 29 años.

Corpulento y de voz tímida, Carlos llegó a España sin papeles y ejerció como obrero de la construcción. Pero en julio fue despedido y, aunque ya tenía su situación legal en regla, le fue imposible encontrar un nuevo trabajo. "Pasan siete meses y te empiezas a desesperar, y más encima solos, sin el apoyo de la familia", comenta.

El sueldo que Edith ganaba como camarera en una cadena de restaurantes no alcanzaba y fue necesario dejar el departamento. Hoy viven de allegados en la casa de una tía. Sin ninguna esperanza de un cambio, Jorge y Edith tomaron la decisión de no seguir malgastando el dinero que habían conseguido ahorrar. "Ya no se puede estar acá, no hay trabajo. Se acabó la oportunidad; hay que volver", afirma ella.

El 11 de febrero entregaron sus antecedentes para acogerse al Plan de Retorno del Ministerio del Trabajo e Inmigración.

Con una amabilidad insólita de parte de los funcionarios, cinco días después estaba todo listo para repatriarlos. Les pagan los pasajes a los cinco y el seguro de desempleo en dos partes (40% aquí y 60% en Chile).

Saben que no podrán regresar en los próximos tres años. "Pero no tengo ganas de volver a España, la vida acá es muy difícil también", dice Edith. Dejarán en Europa la idea de hacer dinero y darles una mejor educación a los niños.

Ahora se irán a Chile con la esperanza de comprar una pequeña casa, la que difícilmente conseguirían en Madrid: "Ya con eso vale la pena, tener algo. Acá no teníamos nada, sólo gastar y gastar", dice Carlos.

"Si voy a pasar hambre, voy a pasarla a Chile"

Carlos P. L. tiene una oratoria que ya desearía cualquier político, pero es obrero. Trabajaba en la construcción en Santiago y lo hace desde 2005 en Madrid. Hasta hace sólo unos meses tenía 119 compañeros de trabajo. Ahora sólo le quedan 21. Y él, con 50 años, es uno de los tres extranjeros que no han sido despedidos.

Ser obrero en España no es lo mismo que en Chile. Carlos, que tiene sus papeles en regla, puede llegar a ganar 2.000 euros (casi $1,5 millón). Pero el sector inmobiliario, uno de los más golpeados por la crisis, no es nada fiable. Y él presiente que en cosa de semanas puede quedar sin empleo. "Esto es una bomba de tiempo. En cualquier momento va a reventar y vamos a salir todos volando", dice.

No es un temor antojadizo: A poco de llegar, se trajo a su esposa, su hija pequeña, su hijo mayor y su nuera. También llegó su nieta, que cruzó el charco con sólo dos meses. Ninguno, salvo Carlos y su hija, tienen la documentación en regla. Y sin papeles, ahora es casi imposible conseguir trabajo. Los seis viven en un piso de tres habitaciones a las afueras de Madrid, por el que pagan 700 euros al mes ($520 mil). Los precios en España tampoco son los mismos que en Chile.

El dinero que ha ganado él y su esposa, quien trabaja cuidando a una anciana, sólo alcanza para vivir. Si pierde su empleo, su familia se queda sin nada, ya que Carlos es el principal ingreso económico del hogar. Con 50 años en España ya se es mayor para encontrar trabajo. Más aún como extranjero.

Por eso, dice, si la bomba revienta y todos salen volando, él quiere aterrizar en su casa de Melipilla. "Si voy a pasar hambre, voy a pasarla a Chile. Con mi gente, mi familia. Porque si el sueño bonito empieza a complicarse, yo quiero abrir los ojos y despertar en mi casa. Abrir la ventana, mirar la cancha".

"No hay dónde agarrarse"

Hace 15 meses Jorge H. (59) armó sus maletas y las llenó de ropa y de ímpetu. En Quilpué quedaron su taller mecánico, esposa, hijos y nieto.

Cruzar el Atlántico por primera vez era la promesa de una vida sin deudas ni frustraciones. Un amigo chileno le había contado que la cosa marchaba muy bien en España y que era de locos no venirse. Llegó al aeropuerto de Barajas en noviembre de 2007 con una visa de turista en la mano, que a los chilenos les permite estar tres meses en Europa. "Pero ya venía con la mala intención", dice desde Málaga. El plan: trabajar duro, juntar dinero, paliar las deudas que lo ahogaban, ayudar a la familia y regresar.

Pero pronto chocó con la realidad: "Venir sin papeles es peor que no saber hacer nada", dice. Alcanzó a trabajar como obrero de la construcción por 650 euros (unos $480 mil) mensuales. Luego se incorporó a una metalurgia, donde le pagaban 900 euros al mes ($670 mil).

Pero llegó la crisis y hace tres meses está sin trabajo, dejó la pieza que alquilaba y ahora vive de allegado donde unos amigos chilenos. Se alimenta en comedores municipales, porque lo poco y nada que le sobraba lo envió a su familia.

Con todo en contra, los planes han cambiado: "Tengo claro que me vuelvo a Chile, no tengo nada que hacer acá", dice. Sin dinero ni siquiera para el pasaje de vuelta, su nombre figura en la lista en una ONG que, junto al gobierno español, financia el pasaje de retorno para los indocumentados. Sólo espera la llamada para partir, aunque ya le han dicho que no hay fondos para todos. "Con la crisis, no hay dónde agarrarse", reflexiona. No le teme a que en Chile la situación esté peor. "Puede que la cosa no esté muy buena, pero estaré con los míos". Quilpué lo espera.

Rocío Montes Rojas
Fuente: diario El Mercurio de Chile –
www.elmercurio.com

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